Tiempo muerto

Ha habido un tiempo muerto porque has salido lesionado. Te duele la pierna, la rodilla y el tobillo de la caída provocada. Quizás te han hecho una zancadilla o quizás te has tirado tú al suelo intentando salir de ese partido que te estaba amargando.

Y ahí estás en la camilla que te lleva directamente a enfermería. Te mandan reposo. Y así estás días, semanas, meses o un año. De reposo. Llorando, ahogando penas con la comida, escuchando ánimos que no sirven para nada, lamentándote de esa caída, sufriendo al recordar cómo era meter canasta, cómo era celebrar una victoria, el compañerismo…

El tiempo muerto se acaba y la emoción de continuar con el partido te emociona locamente. Ahí está tu contrincante por el que te caíste, ahí está esperando a que avances en tu ataque. Y avanzáis ambos igual de emocionados. Lo que tú no sabes es que durante ese tiempo muerto que has pasado en reposo, llorando y sufriendo, él ha ganado al menos siete partidos. Eso es algo que nunca te dirá.

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