Ser Influencer es un trabajo por mucho que te joda

Hace poco a Dulceida se la atacó por un tweet en el que comentaba su ajetreada semana. No se quejaba. Era un simple comentario de “qué de cosas esta semana”. Aida Domenech, nombre real de Dulceida, se gana la vida como Influencer. Empezó como una blogger y youtuber de moda más, pero pronto fue convertida en celebrity gracias a sus miles de suscriptores.

Estos suscriptores son posibles consumidores y productos de marcas que ven en Dulceida una escaparate para ellos. El trabajo de Dulceida puede ser comparado con el de una modelo o quizá el de una actriz. Acude a eventos, realiza sesiones fotográficas y participa en anuncios. Aunque su tweet no estaba estrictamente relacionado con el trabajo, muchos usuarios empezaron a atacarla al considerar que vive del cuento y que lo suyo no es trabajar porque no tiene problemas para llegar a fin de mes y no tiene que levantarse a las seis de la mañana para trabajar (esto lo pongo en duda).

Estos twitteros que la criticaban seguramente tampoco trabajan en una mina, ni se pasan largas jornadas trabajando pero desde siempre todo lo relacionado con el entretenimiento, la cultura o la moda recibe críticas de este tipo. Y sí, ser influencer, al menos como lo es Dulceida, es un trabajo. Te puede gustar más o menos, pero criticar a alguien porque no se gana la vida de la misma forma que tú no tiene sentido alguno.

Es cierto que en el mundo del influencer hay de todo, mucho niño de mamá seguramente, pero también hay jóvenes que se han currado una imagen durante años, que se han montado un negocio sin ayuda de nadie. ¿En serio estamos criticando a gente que ha conseguido casi el mismo éxito (que no dinero) que Las Kardashian sin tener un apellido que los respalde? Porque mira, mi total admiración.

Hace unos días la youtuber británica Elle Darby era humillada públicamente por haber contactado al hotel Charleville Lodge en Dublín para poder hospedarse durante unos días por San Valentín allí de formar gratuita a cambio de publicidad en sus RRSS. El dueño del hotel, Paul Stenson, rechazó su propuesta compartiendo públicamente un comunicado donde airadamente criticaba la actitud de la youtuber.

Stenson tenía motivos para rechazar su propuesta. No le compensaba tener cuatro días a esta Youtuber. Por mucha foto y video que subiese, sus empleados no pueden trabajar gratis para ella durante cuatro días. Al compartir el email, a pesar de que omitió quién se lo había mandado, muchos consiguieron identificar a Elle Darby y esta tuvo que aclarar la situación en su cuenta de Youtube.

Leo en un comentario de Facebook (pozo sin fondo del odio en Internet) que en su video no parece haber aprendido la lección ni disculparse por su actitud. ¿Debe Elle Darby pedir perdón? Sinceramente creo que no. Ella simplemente hizo una propuesta que Stenson debería haber rechazado exponiéndole sus motivos solamente a ella. Quizá Stenson podría haber hablado de forma pública sobre lo que supone un acuerdo con una influencer con los términos que ella había expuesto y cómo este tipo de propuestas no son rentables para los negocios. Ahora bien, su comunicado era exagerado sobre todo teniendo en cuenta que afirma que piensa prohibir la entrada a todo blogger que quiera hospedarse en su hotel.

Estamos en 2018, todo el mundo tiene un blog. ¿Va a a dejar pasar dependiendo del máximo de seguidores? Lo cierto es que muchos han aplaudido a Stenson pero considero que se ha pasado tres pueblos. Ha conseguido humillar a una joven que en ningún momento le ha tratado con mala educación a él. El asunto se ha tomado un rumbo más turbio. A Stenson además de aplausos le han llegado comentarios negativos sobre su negocio en venganza, al parecer, por haber expuesto a Elle de esta forma. Sin embargo parece que las posturas entre ambos protagonistas de la noticia están acercándose. Stenson se ha enterado de que Elle ha empezado a recibir insultos e incluso amenazas de muerte y no ha dudado en apoyarla a través de su cuenta de Twitter.

¿Amenazas de muerte? ¿No os parece exagerado? Se habla mucho de que este trabajo no supone esfuerzo. No trabajan doce horas en un supermercado, no les duelen las manos de fregar platos, no cobran una miseria… pero poco se habla de lo que supone al ánimo, autoestima y a la salud mental de una persona recibir todos los días comentarios en los que se les insulta, se les critica su forma de vida, se les juzga e incluso se les amenaza. Yo quizá estaría dispuesta a trabajar doce horas limpiando casas pero me lo pensaría dos veces si tuviese la oportuidad de convertirme en influencer.

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