Crítica: Wilfred

La serie tiene un comienzo impactante, nos encontramos con Ryan al que da vida Elijah Wood, y parece un chico normal, está escribiendo algo en el ordenador y por su sonrisa sabemos que está contento con el resultado. Sin embargo la cámara nos muestra la pantalla de su ordenador y leemos el archivo que acaba de guardar: nota de suicidio versión tres.

Un personaje interesante, no sólo porque esté pensando en acabar con su vida, sino que además es lo bastante concienzudo como para reeditar sus notas de suicidio. Ryan odia su vida, ha estudiado una carrera que no le gusta, porque así lo mandaba su padre, y espera ser readmitido en un trabajo que detesta, su hermana lo atosiga y simplemente no se siente feliz porque nunca se ha sentido así. Opta por la solución de poner fin a todo, pero tiene un problema y es que las pastillas que se ha tomado parecen no hacer efecto.

Así que para algo está Google y se dedica toda la noche a mirar por Internet qué acciones pueden provocar que las pastillas sean efectivas. Pero se hace de día sin ni siquiera darse cuenta y llama a la puerta su nueva vecina.

La chica se marcha a trabajar y necesita que alguien cuide a su perro, Ryan acepta pero, un momento ¿su perro?

Porque mientras todo el mundo ve a un perro, Ryan ve a un hombre disfrazado con un traje de perro, y ahí está de pie junto a su dueña a la que manosea de una manera muy poco sutil. Y es así como Ryan conoce a Wilfred, no sabe por qué lo ve como tal y no sabe qué puede acarrear esa nueva extraña relación pero tras un día con el chucho, Ryan, empieza a vivir la vida un poco más. Pero este perro malhumorado, salido y adicto a los porros, puede que no sea de fiar del todo.

4 thoughts on “Crítica: Wilfred

    1. Pues tiene un par de puntazos muy buenos que risa si que dan. Igual deberías chuscarte un bong como los que se hace Wilfred para pillarle más el punto 😛

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *